Antes de que existiera Ushuaia como la conocés hoy, existió una cárcel de máxima seguridad en el fin del mundo: la que encerró a asesinos como Cayetano Santos Godino, "el Petiso Orejudo" (condenado por matar a varios niños siendo apenas un adolescente, el primer asesino serial documentado de Argentina), y al anarquista Simón Radowitzky.
Ese dato cambia por completo lo que vas a ver cuando entres: no es solo un museo con celdas y fotos antiguas. Es, en gran parte, el motivo por el que la ciudad existe. La cárcel terminó construyendo el pueblo que la rodeaba. Y ni siquiera iba a ser una cárcel.
El plan original no era una cárcel
En 1896 llegó a Ushuaia el primer contingente de reclusos, a bordo del transporte 1º de Mayo. No venían a cumplir condena en un penal de máxima seguridad: venían a poblar.
La Ley 3.335, firmada por el presidente Julio Argentino Roca a fines de 1895, hablaba de fundar una Colonia Penal. La lógica era típica de fin del siglo XIX: mandar reclusos al confín del país para que, con su trabajo, ayudaran a ocupar un territorio que el Estado apenas controlaba.
El plan fracasó. El clima, el aislamiento y la falta de infraestructura hicieron inviable el modelo de colonia. Ushuaia en 1896 era apenas un puñado de casas de madera frente al canal Beagle.
El giro: de colonizar a encerrar a los más peligrosos
Ante ese fracaso, el Estado cambió de estrategia. En 1902 se puso la piedra basal de lo que sí se convertiría en ícono: un presidio de máxima seguridad, diseñado por el ingeniero italiano Catello Muratgia, quien además fue su primer director.
Ahí está el quiebre real: el penal dejó de pensarse como colonia y pasó a definirse, explícitamente, como destino para reincidentes y presos de la más alta peligrosidad. Lo que había sido un obstáculo para la colonia (el aislamiento, el frío) se convirtió en la principal ventaja de seguridad: nadie se escapaba caminando desde Ushuaia a ningún lado.
Dato clave: el penal llegó a tener 5 pabellones con capacidad para 380 presos. En sus momentos de mayor población, llegó a alojar hasta 200 reclusos más de los que estaba diseñado para contener.

El motor invisible: cómo el presidio construyó Ushuaia
Acá está la parte que más sorprende a quien visita hoy la ciudad: buena parte de lo que hoy es Ushuaia lo construyeron los propios presos.
Muratgia organizó a los penados por oficios: albañiles, carpinteros para el aserradero del propio presidio, obreros para la fundición. Con esa mano de obra se levantó no solo el edificio (piedra, madera, chapas) sino buena parte de la infraestructura básica que la Ushuaia de esos años todavía no tenía.
El presidio fue, durante décadas, el principal motor económico de un lugar que todavía no tenía turismo ni ninguna otra industria organizada.
El tren: de vagón de presos a paseo turístico
Uno de los datos que más sorprende a los visitantes es el del Tren del Fin del Mundo, hoy una de las excursiones más pedidas de Ushuaia.
Ese tren nació para otra cosa: los presidiarios lo usaban para trasladar la leña que cortaban en el bosque, y ellos mismos tendieron las vías originales. El recorrido turístico de hoy sigue, en gran parte, ese mismo trazado.
Dato clave: el trayecto que hoy recorrés en el tren panorámico es, en gran medida, el mismo camino que abrieron los reclusos hace más de un siglo cortando leña para el presidio.

¿Y entonces, vale la pena visitarlo?
Sí, y por una razón simple: no es un museo sobre un edificio, es un museo sobre el nacimiento de la ciudad. Ahí adentro se entiende por qué Ushuaia tiene la forma que tiene, por qué el tren existe, y por qué esta ciudad remota terminó siendo un destino tan visitado.
Hoy el edificio funciona como Museo Marítimo y del Presidio, con los pabellones originales recorribles, celdas conservadas y salas dedicadas a la historia marítima y antártica de la región.
Preguntas frecuentes
¿El Presidio de Ushuaia sigue funcionando como cárcel?
No. Dejó de funcionar como penal en 1947, por orden del entonces presidente Juan Domingo Perón. Desde 1994 el edificio funciona como museo.
¿Por qué eligieron Ushuaia para construir una cárcel?
En un principio no fue pensado como cárcel sino como colonia penal, para poblar el sur del país. Cuando ese modelo fracasó, el aislamiento y el clima extremo se convirtieron en la ventaja de seguridad de un presidio de máxima peligrosidad.
¿Qué tiene que ver el presidio con el Tren del Fin del Mundo?
El tren nació como herramienta de trabajo del propio presidio: los presos lo usaban para trasladar la leña que cortaban en el bosque, y ellos mismos tendieron las vías originales.
Para horarios, valores de entrada y toda la info actualizada de la visita, podés consultar el sitio oficial del Museo Marítimo y del Presidio.
¿Querés conocer el Presidio en persona? Nuestro City Tour pasa por el edificio y te cuenta su historia con guía local. Y si te quedan ganas de más, podés bajarte y recorrerlo por dentro con el tiempo que necesites.
Escrito por el equipo de Explore Tierra del Fuego.